LEYENDAS, CURIOSIDADES Y ALGO DE HISTORIA DE MÁLAGA



domingo, 23 de mayo de 2010

Pepe Botella y los merdellones

A pesar del título, no voy hablar hoy ni de una murga ni de un grupo de rock. Te voy a contar lo que dice la leyenda sobre la palabra merdellón. Merdellón es una palabra muy malagueña. Una vez me contaron que en una operación policial tenían un teléfono intervenido y escucharon una conversación, la duda era quien era el otro interlocutor, había dos candidatos uno de Málaga y el otro de otra provincia andaluza, cuando escucharon la palabra merdellón, salieron de dudas, era el malagueño.
Cuenta la leyenda que José I, mas conocido como Pepe Botella ( a pesar de ser abstemio) visitó Málaga, concretamente el 4 de marzo de 1810, el recibimiento de los malagueños no tuvo que ser muy caluroso, ya que en carta a su hermano, Napoleón, se quejaba de los malagueños, y los calificaba como “merde de gens” (mierda de gentes).
Lo malo de las leyendas, es que son leyendas, uno va al diccionario de la RAE y en la entrada merdellón lee lo siguiente: “Del italiano antiguo merdellone, merdoso”, la verdad que a mi me gusta mas la leyenda que la cruda realidad.
La fotografía es del “Palacio Trinidad Grund” donde realmente se alojó el Rey Intruso, ya que en aquella época era la casa del comerciante de origen francés Juan Bautista Maury. Estaba al lado del mar y en primera fila de la Alameda, con el tiempo se relleno el mar y se construyo otra fila de casas entre el palacio y la Alameda. Mas adelante fue habitado y reformado por doña Trinidad Grund. Con el tiempo paso a ser del Ministerio de Trabajo y en el tenia su sede la sección de I.T. del I.N.S.S. Fue vendido a “RA Capital” que lo restauro, el Diario Sur publico unas fotos una vez restaurado. En la actualidad tiene su sede “Medical Center”. La dirección es: calle Trinidad Grund, 9.

martes, 11 de mayo de 2010

Málaga entra en la historia III: Las comunicaciones


De cara a la actividad comercial de la ciudad es esencial su situación geográfica, en la costa mediterránea, sobre una colina que es la última ramificación de la serranía malagueña, desde donde domina la amplia hoya del Guadalhorce-Guadalmedina que la limita a occidente. Su posición es privilegiada, tanto para las relaciones con el interior de la Península, como de cara al mar. Los cursos fluviales facilitaron la penetración comercial, a través del Guadalhorce y el desfiladero de El Chorro se establece la comunicación entre la costa mediterránea y las regiones del interior, del valle del Guadalquivir, Antequera, Córdoba y Sevilla, y, por la Axarquía, con la depresión granadina. En cuanto al mar, la ciudad está situada en un punto de escala esencial en la ruta Mediterráneo-Atlántico, que unía los puertos del Atlántico con el de Ostia, y frente a las costas del norte de África.
En cuanto a las comunicaciones terrestres, que permitirían la distribución de productos hacia el interior y facilitarían la salida de productos agrícolas y mineros desde el puerto, conocemos varias vías, que, tomando como punto de partida Malaca, son:
La vía de Malaca a Castulo, siguiendo la costa, pasaba por Maenova, Claviclum (Torrox-Costa), Sexi (Almuñécar), Murgi (Campo de Dalías) y continuaba por el interior a Acci (Guadix) hasta llegar a Castulo donde enlazaba con la Vía Augusta. La vía de Malaca a Gades pasaba por Suel (Fuengirola), Cilniana (en las cercanías de Marbella), Barbariana en la margen derecha de la desembocadura del río Guadiaro, Calpe, Carteia, Belo y continuaba hasta Gades.
De Malaca a Corduba se podría ir por dos caminos distintos, uno seguiría el valle del Guadalhorce, pasando por Cartima (Cártama), Iluro, Nescania (Valle de Abdalajís) Antikaria, Singilia Barba, Angellae, Ipagrum y Ulia, hasta Corduba. La existencia de esta vía que no aparece mencionada así en el Itinerario de Antonino, está atestiguada por dos miliarios: uno de Maximinus en Nescania, y otro de Magnus Decentius (351-353 d. C.) en Cartima. Otro camino para llegar a Corduba sería a través de Aratispi o Rastapen hasta Antikaria.
De Malaca a Hispalis su trazado hasta Antikaria coincide con el camino de Corduba, y, a partir de ahí, tocaría Ostipo, Ilipa, Carula, Basilipo y al fin Hispalis. De Malaca a Iliberris coincidía con las anteriores hasta Antikaria y desde allí a Archidona y la Vega de Granada.
Además de estas vías, sabemos de la existencia de otros caminos que las enlazaban entre sí para comunicar núcleos urbanos y rurales.
La importancia de estas vías se mantiene en época tardía; permitirían entonces la llegada a Malaca de los cereales del interior para su exportación. De esta misma época son cuatro miliarios encontrados en Malaca que recalcan la importancia de tales rutas e indirectamente del puerto y la actividad económica de esta ciudad a comienzos del siglo III y durante la siguiente centuria.
La utilización de las vías con fines comerciales ha planteado diversas opiniones debido a que algunos autores ven en ellas un uso militar o administrativo y otros, un uso fundamentalmente comercial. El transporte terrestre resultaba, desde luego, lento y muy caro, por lo que, en la Baetica, las comunicaciones marítimas y fluviales fueron más importantes.

Málaga entra en la historia II: El comercio


Malaca, que en sus orígenes había sido un establecimiento comercial de colonos extranjeros, debió su prosperidad a su actividad económica. A la riqueza agrícola de sus alrededores se unía la importancia de la pesca y la industrialización y comercialización de sus productos, que alcanzaron gran auge al entrar en los circuitos comerciales romanos.
La producción y comercialización de salazones y garum implicaba la existencia de industrias complementarias como son las salinas y la fabricación de envases. La producción alfarera no sólo estaba destinada a envases para el aceite, el vino o el garum, sino que abarcaba también a materiales de construcción, urnas sepulcrales, objetos de uso cotidiano, recipientes de tocador y, principalmente, cerámica común de mesa y cocina.
Las importaciones están relacionadas principalmente con objetos de lujo, demandados por una minoría, que llegarían probablemente como cargas de retorno de los barcos que comerciaban entre Hispania y Roma. Entre estos objetos se encuentra la cerámica, de la que tenemos testimonios en la ciudad desde época republicana.
Durante los siglos IV y V, desde el puerto de Malaca, se exportará el aceite procedente del interior, de la zona del Guadalhorce y de la vega de Antequera; además, el puerto sería un centro distribuidor de las importaciones cerámicas africanas.

Málaga entra en la historia I: Los origenes de la Ciudad


Situada al nordeste de la desembocadura del Guadalhorce, entre el río Guadalmedina y los montes de Málaga, la Malaca romana se asienta sobre la Malaka púnica, a orillas del mar, junto a la colina de la Alcazaba.
La existencia de Malaka como fundación colonial fenicia y posteriormente púnica queda probada, con ayuda de la historiografía, por una serie de restos arqueológicos que desde el siglo XIX se han venido localizando en la colina de la Alcazaba, los que se hallaron durante las obras de desmonte de la ladera con motivo de la demolición del muro del Haza Baja de la Alcazaba, situada entre ésta y el mar, y, desde mediados del siglo XX, por los resultados de las excavaciones realizadas en el Teatro Romano que confirmaron la ocupación de esta zona al menos desde comienzos del siglo VI a. C., manteniéndose ininterrumpidamente hasta nuestros días.
La presencia de los fenicios llegaría hasta mediados del siglo VI a. C., fecha en la que abandonan la mayoría de las colonias de nuestras costas; a partir de la conocida como “crisis del siglo Vl”, considerada como un momento de reestructuración económica, comenzaría la etapa púnica. La conquista de Tiro por Nabucodonosor en el año 573 a. C. convirtió a Cartago en la heredera del comercio fenicio y a comienzos del siglo V domina el Mediterráneo occidental. La etapa púnica terminaría con la llegada de los Barca a la Península en el 237 a. C., empieza entonces el imperialismo bárcida, que concluirá con la conquista romana.
El nombre fenicio de la ciudad Mlk’, latinizado por los romanos dio el topónimo Malaca.
Estrabón escribe en los primeros años del s. l d.C. y sitúa Malaca en la que él llama Hispania rica, bien poblada, meridional, costera y abierta a los pueblos civilizados, donde las gentes saben escribir, explotan las minas y progresa la agricultura, el artesanado y el comercio.
La organización del espacio urbano de la Malaca romana era propia de poblaciones de origen semita, opuesta a la regularidad que caracteriza a las ciudades coloniales de nueva planta y al modelo de castrum del que deriva la ciudad romana ex-novo. Aquí la ciudad se adaptaría a la topografía de la colina y podría presentar un urbanismo escalonado en terrazas.
Durante la etapa republicana Roma no alteró la geografía urbana preexistente reflejada por Estrabón. La influencia de lo púnico continuó en Malaca hasta el Alto Imperio. A fines del siglo l a. C. sus habitantes continuaban hablando y escribiendo la lengua púnica.
Durante el Principado de Augusto pudo modificarse el urbanismo a través de construcciones monumentales propiamente romanas; es cuando se construye el Teatro. En época flavia, la ciudad adquiere la condición jurídica de municipio. El hallazgo fortuito del fragmento de la Lex Flavia Malacitana vino a confirmar la concesión del ius latii al nuevo municipio flavio de Malaca.
En la segunda mitad del siglo V y la primera mitad del siglo VI, Malaca debió vivir con cierta independencia, hasta que pasa a depender del dominio de Bizancio.
En los siglos VI y VII, Malaca, por su situación costera, continuó siendo una ciudad importante que se disputarán bizantinos y visigodos.
Tras la expulsión de los bizantinos, con Sisebuto, entre los años 613 y 615, pasa a ser controlada por los visigodos y entra en un período de retraimiento, poco conocido; sin embargo, pudo alcanzar un nuevo auge durante el reinado de Sisenando (631-636), en el que se produce acuñación de moneda en Malaca.

lunes, 10 de mayo de 2010

Málaga en grabados y pinturas

domingo, 9 de mayo de 2010

Y dice Matías


Si te has fijado en la anterior presentación de imágenes de la “Málaga del ayer” en la diapositiva 52 aparece un señor de grandes bigotes dando un discurso rodeados de niños, ese era Matías. Matías era una institución desde los años 30 hasta su fallecimiento ocurrido el 23 de febrero de 1971 en el Hospital Civil. Al día siguiente el diario Sur le dedicaba media página de reconocimiento. Matías era de esos locos maravillosos que a la manera de los antiguos juglares recorría la ciudad. Sus discursos empezaban dando un zapatazo en el suelo, levantaba el brazo derecho y decía: “y dice Matías”, hablaba de lo divino y de lo humano, con palabras que mostraban a una persona instruida, a un filosofo y a un poeta. La gente, y sobre todos los niños, se congregaban a su alrededor para escucharlo. Como dijo el poeta bonaerense Ángel Montes, era Matías "Un Romeo andaluz" que buscaba su Julieta perdida. Como escribió el propio Matías: “Aquí está el enigma que envuelve mi espíritu y si las musas no me abandonan un solo día, vuelvo a repetir aquello del honor que experimento, al par de la satisfacción y el orgullo, más si no estuviera hospitalizado seguramente estaría peor, ya es hora de dormir y duermo, al levantarme desayuno, al medio día como y a las seis y media de la noche ceno, estaré loco o lo estoy, téngase en cuenta mi triste situación, y no se olvide nadie de que, a lo loco, a lo loco se vive mejor”. Si quieres saber más sobre la biografía de Matías te recomiendo un artículo publicado en “El Avisador Malagueño” escrito por D. Diego Ceano González, que me ha servido de fuente.

sábado, 8 de mayo de 2010

La Málaga del ayer